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6 de abril de 2020

Coronavirus y Politica Nacional por Alberto Cortez.

El alerta, afortunadamente temprano, que tuvo en la Argentina la pandemia del COVID-19 mostró durante un par de semanas al presidente y a varios de sus funcionarios más próximos, a la cabeza de un gobierno que se hizo cargo de la situación, destacándose positivamente incluso a nivel internacional; referencia ineludible para evaluar las respuestas a un mal que golpea y golpeará muy negativamente a todos los países, pero con grados muy diferentes según particularidades, especialmente según la calidad política de sus gobiernos.


Así, Argentina queda hasta ahora muy bien posicionada cuando se la compara con Brasil, Ecuador, Italia, España e incluso y especialmente EEUU, pese a la descomunal potencia en recursos de este último país, muy superior a la de Argentina; que le habrían permitido otros resultados mucho más benignos, con una conducción política coherente, de la que carece.

 

La oposición de derecha, derrotada en 2019 en las urnas, pero que pudo mantener en la elección general un caudal bastante más digno del que habían augurado las PASO; había comenzado a mostrar los dientes con el intento frustrado de paro agropecuario de la segunda semana de marzo, claramente empujado por figuras del PRO y sólo acatado por algunos grandes productores. La nueva situación, generada por el coronavirus, pero sobre todo por la respuesta social con la conducción política del gobierno; hizo que los sectores más acérrimamente antipopulares de esa oposición se mantuvieran en una actitud de cautela y, se puede afirmar, de desconcierto; más allá de algún comentario desubicado sobre la enfermedad, pero que trascendió más como chicana del oficialismo que por voluntad de sus emisores de darle gran difusión.

 

Incluso las referencias opositoras con más responsabilidad institucional se mostraron acompañando sin fisuras la conducción presidencial en la crisis sanitaria.

 

La situación comenzó a cambiar a partir de la prolongación de la cuarentena.

 

Está claro que varios de los principales exponentes del neoliberalismo como Bolsonaro, Piñera, Boris Johnson y Trump (neoliberalismo sui géneris en este caso, pero neoliberalismo al fin) se resistieron a la aplicación de las políticas sanitarias imprescindibles, debido a la inexorable caída de la tasa de ganancia del capital que ellas acarrearían; amén de poner en evidencia la necesidad imperiosa de políticas de intervención estatal, opuestas a sus prejuicios ideológicos.

 

Un poco diferente es el caso de López Obrador, en México, condicionado, además de por una falta de asesoramiento adecuado en la materia; por el temor a los efectos de una cuarentena sobre los ingresos de la enorme masa de trabajadores informales, la más grande de América Latina, sólo superada, en porcentaje pero no en valor absoluto; por Bolivia. Algo similar ocurre en Nicaragua, con el condimento de que hay hasta hoy allí poquísimos infectados, todos importados y que es un país con un ingreso per cápita muy bajo.

 

Los más notorios neoliberales – con excepciones notables también -  en América Latina y el Mundo, han salido entonces – aunque cada vez más a la defensiva ante la evidencia arrolladora de la pandemia – a sostener que “no hay que matar la economía en aras de la salud”.

 

Los grandes empresarios de Argentina, núcleo central del poder que en lo político termina expresando Juntos por el Cambio; se alarmaron por los efectos de la cuarentena sobre sus ganancias, y mucho más; ante la prolongación de la cuarentena. La expresión más estridente de ésto fueron los despidos en Techint, uno de los mayores monopolios nacionales, y Mirgor, cofundada por Macri y dirigida por su mejor amigo. Ambas han disfrutado de enormes subsidios estatales. Pero además muchas otras plantearon rebajas de sueldos a sus empleados, suspensiones y despidos o amenazas de ellos, en varios casos contraviniendo las normativas vigentes o condicionando esas medidas al fin de la cuarentena o la exención de la misma de sus actividades comerciales. Otras, ya exceptuadas, han obligado a sus empleados, laborando en algunos casos en actividades de riesgo como portuarias, de comercio exterior, en contacto con tripulaciones de barcos extranjeros; a trabajar sin normas adecuadas de bioseguridad.

 

Los sectores más recalcitrantes de Juntos por el Cambio olieron por su parte la posibilidad de comenzar a erosionar al gobierno, sin dar la cara por supuesto; y salieron a fogonear –trolls y redes sociales mediante - cacerolazos para reclamar que los funcionarios públicos se bajaran los sueldos. Está muy bien, por supuesto, que los sueldos de cualquier funcionario que se alejen en demasía de los del trabajador medio, se bajen. No sólo en esta emergencia, sino siempre. Pero en términos numéricos esas medidas, aún calculadas sobre cámaras legislativas enteras, varias de las cuales ya adoptaron ese criterio; proporcionan valores cientos o miles de veces inferiores a los subsidios que se ha entregado a esos empresarios que ahora chantajean, los pagos de deuda pública que se hicieron esta semana (dato preocupante) o lo que se podría obtener de un impuesto federal a la riqueza como el que algunos de los individuos más ricos de Estados Unidos han autopropuesto para las fortunas de más de 50 y de 1000 millones de dólares del 2 y 3% respectivamente y que varios precandidatos demócratas a la presidencia de ese país han apoyado. No se sabe de ningún multimillonario argentino – y los hay, especialmente entre los dueños de empresas como las mencionadas – que haya adherido a una idea así.

 

No está demás recordar aquí tampoco que Macri se despidió del gobierno nombrando a una gran cantidad de sus adeptos en cargos con muy jugosos sueldos y que se resistieron luego con uñas y dientes a ser desplazados por la nueva administración. Muchos aún continúan.

 

La torpeza del intento cacerolero, del cual tomaron distancia hasta sectores del ex macrismo como Larreta y Carrió; intenta debilitar al poder político justamente en el momento en que el mismo es esencial para poder atravesar con menores costos la pandemia. Y también la recesión subsecuente.

 

Los medios tradicionales de la derecha, como es su costumbre, pero que estaba algo relajada desde el inicio de la crisis sanitaria; se dedican a tratar de magnificar o directamente inventar cualquier debate que pueda haber en el seno del gobierno sobre cursos de acción a seguir, lo cual es lógico y legítimo ante una amenaza absolutamente novedosa; con el fin convergente con sus alas política y empresarial; de ir desgastando al gobierno que – aunque ha acertado en grado enormemente mayor que los gobiernos extranjeros afines a esos sectores– tiene toda la necesidad de poner a veces en debate caminos posibles que a veces luego se desechan o se aggiornan. Los errores no forzados cometidos en la organización del cobro bancario de los jubilados les otorgaron un argumento extra.

 

Como vemos, en Argentina – como en el mundo – el coronavirus tiene sus aliados en el ámbito político, mediático y empresarial, y ya han empezado a mover sus fichas.

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