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UNA MAñANA PERDIDA

15 de julio de 2020

"Los mismos derechos, con los mismos nombres". A 10 años del matrimonio igualitario en Argentina

Editorial de Juan Esteban Poli para Una mañana perdida


Un día como hoy, pero en el año 2010 se aprobaba la Ley N° 26.618 de Matrimonio Igualitario en Argentina. Hoy, 15 de Julio se cumplen 10 años de su sanción.

Recuerdo que yo era un pibe que venía de un pueblo chiquito, de 5000 habitantes, y arrancaba la facultad de Derecho. Ustedes podrán imaginar lo que uno siente al venir a la gran ciudad y empezar una vida “adulta” universitaria. Para el que lo vive o lo vivió, saben a qué me refiero. Para el que no le tocó pasar esta experiencia maravillosa, les cuento que la sensación es única. Por lo menos para mí.

Recuerdo también que en la tele se hablaba mucho sobre la promulgación de la Ley. Extensos debates en diferentes programas con voces a favor y en contra de un derecho que Sí o Sí era necesario.

Recuerdo, además, que tenía apenas 18 años. Era un pibe. Y la verdad que mucho no me interesaba la ley, o por lo menos, no llegaba a dimensionar la magnitud y el significado de que esta ley saliera y sea verídica.  Ni tampoco llegaba a entender la importancia de que “Argentina se convertiría en el primer país latinoamericano en conseguir este DERECHO”.

Acá estamos. 10 años ya pasaron. Llegamos al futuro tan bocetado.

Ayer, mientras preparaba esta editorial, me encontré una nota de opinión muy buena en el Diario PERFIL, firmada desde el anonimato y escrita por un “Psicoanalista con perspectiva de género y diversidad”.  Gracias Compañere, voy a citarlo.

“Por aquel entonces (y no hace mucho tiempo atrás), el escenario de opiniones era, en muchas ocasiones, palabras que llegaban a oídos cargados de pasmo y estupefacción. No olvidemos las declaraciones del propio Bergoglio, sí el PAPA FRANSISCO (Cardenal en ese momento), quien manifestaba que la sanción de la ley era “una movida del diablo”.

Se quería predecir el porvenir de un panorama trágico, todo se decía sin ninguna autoridad, más que la de sus heterosexualidades dominantes, hablaban con total seguridad y desfachatez sobre el tema, vertiendo teorías cargadas de prejuicios y alineación neurótica sin análisis. Nos alertaban sobre prácticamente el final de la humanidad debido a las uniones legales de personas del mismo género.”

Hoy, a una década de aquel momento podemos reafirmar que nada de aquella advertencia era verdad, esas maldiciones no eran más que en base a una proyección hipotética cargada de prejuicios e ignorancia.

Hoy nos encontramos pudiendo analizar, con el beneficio que nos da el tiempo transcurrido, ciertos puntos que por aquel entonces se escuchaban y que hoy abren nuevos interrogantes.

Las barreras ocultas que sufren las parejas gay para adoptar, el problema de la interpretación binaria y la moral reinante. Los matrimonios de personas del mismo género aún siguen estando en desigualdad de condiciones, en cuestión de derechos, que las parejas heterosexuales.

Entonces, advertir que sigue imperando una lógica dominante y excluyente nos obliga a ser conscientes de la importancia de la existencia de una ley como esta para poder construir realidades más diversas y más justas.

Este tiempo nos encuentra ahora para, a partir de ese marco legal, pararnos allí hacia la construcción de un sistema con hechos que permitan los derechos y la dignidad de todas las personas, sobre todo de quienes han sido vulnerados desde siempre, para alcanzar ese ideal de justicia verdaderamente.   

Por eso hoy, festejando el triunfo de la ampliación de derechos civiles con la ley de matrimonio igualitario y a diez años de ese hecho, podemos decir: “OJALÁ existan más padres, madres, como Cuccovillo.  Harán más soportable la lucha de aquellas personas que se acostumbran a pelear por sus derechos, no por elección sino como modo de sobrevivir, en una sociedad que ha legitimado la orfandad de hacerlo en soledad.”

 

 

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